RETAZOS DE UN ARTICULO NUNCA PUBLICADO
Desde la penumbra de una caja olvidada, entre papeles que cargan el peso de los años y la memoria, emerge la voz silente de un manuscrito inconcluso, escrito hace ya 30 años, y nunca publicado. Hoy, al desempolvar sus líneas y dotarlas de algunos retoques para dialogar con el presente, intento que sus preguntas y pensamientos no se pierdan en el susurro del tiempo, sino que resuenen entre quienes aún encuentran asombro en los misterios y paradojas de la mente humana. Aquel texto, apenas rozado por retoques para no dejarlo anclado en otra época, ahora busca un resquicio entre quienes aún miran con asombro y sentido crítico los desafíos de la mente y el comportamiento humano.
DE LOS ORÍGENES Y LAS SOMBRAS DEL PENSAR
Desde el alba de las civilizaciones, las personas se han enfrentado al desafío de comprender su mundo interior, buscando respuestas a los enigmas del comportamiento, las fuerzas ocultas que guían la conducta y la conciencia. Si aquellos seres de antaño hubieran tenido delante los prodigios de la modernidad —las imágenes que cruzan pantallas, el vértigo de la cibernética y los avances de la biotecnología y, ahora con el ímpetu de su nacimiento, la inteligencia artificial—, probablemente el asombro habría dado paso al desconcierto absoluto. La ignorancia sobre las fuerzas invisibles y profundas que habitan en nuestro ser dio origen a explicaciones rudimentarias, muchas veces tejidas sobre el telar de la superstición y el misticismo.
Durante siglos, estas limitaciones no fueron meras curiosidades filosóficas, sino que se tradujeron en tragedias humanas incluso dentro de las “sociedades autodenominadas como más civilizadas”. Es suficiente evocar los juicios de las llamadas “Brujas de Salem”, en la Massachusetts del siglo XVII, donde, bajo el manto de la ignorancia y el temor, decenas de personas inocentes perdieron la vida en la horca, acusadas de “hechicería”. Si hubieran vivido en nuestros días, quizás su historia habría sido distinta, salvadas por el avance del saber y la crítica racional. Así transcurre la historia del pensamiento psicológico: un vaivén entre la sabiduría y la ignorancia, el misticismo y la realidad.
EL CAMINO HACIA LA CIENCIA: LUCES Y PENUMBRAS
A medida que la Psicología luchaba por abrirse espacio como ciencia del comportamiento, las huellas de la mentalidad primitiva persistían, latentes y persistentes. Si no fuera así, tal vez Nietzsche no habría escrito “El origen de la tragedia”, o Alexis Carrel “La incógnita del ser humano”, ni Sigmund Freud sus monumentales obras sobre el psicoanálisis. Alfred Hitchcock, por su parte, no habría encontrado inspiración para filmes como “Vértigo”, “Los pájaros” o “Psicosis”.
Hoy, alzando la cabeza con orgullo frente a los logros científicos en el espacio, la electrónica, la biotecnología y la inteligencia artificial, todavía surgen voces que buscan otorgar rango de saber legítimo a disciplinas como la Astrología o la Parapsicología y, por qué no el Espiritismo. Los medios de comunicación, la internet y las redes sociales contribuyen, amplificando la fascinación por lo excepcional y lo inexplicable, y envolviendo los hechos con ribetes de magia y oscurantismo.
Esto muestra, de manera rotunda, que las explicaciones ofrecidas por la psicología contemporánea a los fenómenos de su estudio siguen siendo insuficientes para abarcar la complejidad y diversidad del comportamiento humano.
EXCEPCIONALIDAD Y COTIDIANIDAD: UNA FRONTERA DIFUSA
Terencio, poeta cartaginés, sentenció: “Hombre soy: nada humano lo creo ajeno a mí”. Ahora, inmersos en la rutina y la normalidad del día a día, cualquier comportamiento que desafía lo esperado nos sorprende y desconcierta. Esto es lógico: las personas, sean expertas o profanas, aún no han logrado despojarse por completo de la ignorancia y el misticismo. Persisten errores de apreciación, sobre todo al enfrentarse a los dilemas de la existencia y la naturaleza propia. Todo esto evidencia que, lamentablemente, las explicaciones ofrecidas por la psicología contemporánea acerca de los fenómenos de su campo no logran abarcar la vasta diversidad del comportamiento humano. Aún persisten vacíos, contradicciones y perplejidad ante aquello que parece escapar a la “normalidad” de lo cotidiano, sobre todo en lo que se ha hecho llamar “comportamientos excepcionales”.
Cada vez estoy más convencido de que aquello que se denomina “excepcional” no es más que una intensificación de lo habitual bajo la influencia de ciertas circunstancias. Por ejemplo, Sigmund Freud, ante el reto que representaba la “histeria” para la medicina, llegó a interpretar este fenómeno como resultado de traumas reprimidos en el inconsciente. Su genialidad estuvo en abrir una vía para explorar la subjetividad mediante el método psicoanalítico. Podemos estar de acuerdo o no con sus conclusiones, pero no se puede negar el valor de intentar penetrar en los misterios de la mente.
Muchos critican a Freud por derivar sus hallazgos de contextos patológicos y generalizarlos a la población sana. Sin embargo, ¿no es acaso en los momentos críticos donde con mayor claridad se revelan los atributos de la mente y el comportamiento?
LA PSICOLOGÍA, CIENCIA EN TRÁNSITO
A la psicología aún le queda un largo trayecto para convertirse en una ciencia genuinamente independiente, capaz de hacer justicia a los múltiples vínculos entre subjetividad y conducta. Necesita abrazar con rigor ambos polos de su objeto de estudio. Y, honestamente, todavía ello está lejos de lograrlo.
Al revisar el progreso del pensamiento psicológico, me parece que sigo en el mismo punto que cuando escribí “La integración no hay otra alternativa”, publicado en la Revista Isla # 112 de la Universidad Central de Las Villa en 1995. Allí afirmé que “…la persona sigue siendo un fenómeno en extremo complejo, en grado tal que, en ocasiones se torna en enigmático. Por consiguiente, las explicaciones dadas sobre la misma, … , resultan insuficientes y/o contradictorias, sobre todo cuando nos enfrentamos a los llamados comportamientos excepcionales”.
EPILOGO: EL MANUSCRITO Y EL TIEMPO
Hoy, finalmente, el artículo sale a la luz, rescatado de la sombra y el olvido. Quizá no ofrezca respuestas definitivas, pero es testimonio de una época, de una búsqueda intelectual y personal que sigue siendo relevante. Tal vez las preguntas que plantea sean más valiosas que cualquier certidumbre, porque invitan a seguir pensando, a seguir dudando, a seguir explorando los enigmas que habitan en cada persona.
Las cajas guardan historias; sacarlas a la luz es, en último término, un acto de reconciliación con uno mismo y con el tiempo.





