¿Por qué dos personas pueden ver lo mismo y entenderlo distinto?

LO QUE VES NO SIEMPRE ES LO QUE ES: LA TRAMPA DE LA PERCEPCIÓN HUMANA
INTRODUCCIÓN

Recuerdo con nitidez cómo, en la década de los setenta del siglo pasado, descubrí la fascinante novela de suspense “Los Espejuelos Oscuros” (1969), del talentoso escritor estadounidense John Dickson Carr. La obra, envolvente y magistral, nos sumerge en el complejo mundo de la percepción psicológica de los testigos de un asesinato. Cada personaje interpreta de manera distinta la identidad del culpable, condicionado por ilusiones ópticas y unos espejuelos que tergiversan la realidad objetiva. Tras un recorrido minucioso por las percepciones individuales de los presentes, el misterio se resuelve de forma inesperada y brillante: el detective revela cómo las ilusiones ópticas y los espejuelos oscuros fueron utilizados para confundir a quienes presenciaron el crimen, manipulando su percepción de la escena y ocultando la verdadera identidad del culpable.

En su obra, Carr pone de relieve “las fronteras existentes entre lo que se ve y lo que realmente ocurre”. Las clásicas ilusiones ópticas ilustran cómo nuestros sentidos pueden distorsionar la realidad percibida, subrayando la fragilidad del testimonio humano y la subjetividad de la experiencia.

LA FALACIA DE LA CERTEZA SENSORIAL

Lo anterior nos alerta del error, tan extendido, de quienes afirman con rotundidad: “Eso que dices es la pura verdad… Lo vi yo con mis propios ojos y que se van a tragar la tierra”. Esta expresión popular refleja la tendencia a considerar la percepción sensorial como un reflejo fiel y objetivo de la realidad, ignorando los múltiples filtros y distorsiones que intervienen en el proceso perceptivo.

LA PERCEPCIÓN HUMANA; MAS ALLA DE LA COPIA DE LA REALIDAD

La percepción humana no es, en absoluto, un reflejo exacto ni una mera “copia mental” de la realidad que nos rodea. Muchos de los errores que cometemos en la vida cotidiana surgen de dar por cierto todo lo que percibimos, sin cuestionar la veracidad de nuestras impresiones. Los equívocos al juzgar situaciones, eventos, comportamientos de otras personas o al aceptar lo aparente como verdadero, se fundamentan en lo que nuestros sentidos oyen, ven, tocan, etcétera.

En la literatura, los medios audiovisuales e, incluso, en la política, el uso de recursos que manipulan la percepción es habitual para mantener el interés, crear suspense o influir en los estados de ánimo. La conectividad y la exposición constante a estímulos visuales o auditivos refuerzan la idea de que “ver es creer”, cuando en realidad, la percepción está mediada por múltiples factores internos y externos.

VER NO ES LO MISMO QUE PERCIBIR

Existe una diferencia fundamental entre ver y percibir. Podemos observar un cuadro y opinar sobre su belleza o fealdad, su tamaño, o describir lo que aparece en él, sin llegar verdaderamente a percibirlo. Recuerdo que, en una ocasión, un conocido viajó a París. A su regreso, cuando para mí visitar esa ciudad era solo un sueño lejano, le pregunté si había visitado ciertos lugares emblemáticos. Me respondió que sí, pero añadió: “De la Bastilla solo quedan unas piedras en una estación de metro y unas marcas en el pavimento; la Torre Eiffel no es tan alta como pensaba y en el Louvre hay cuadros de muchos pintores famosos”. Sus respuestas evidencian que había visto, pero no percibido. Percibir implica una vivencia interna: involucra la experiencia, las emociones y los sentimientos. Por eso, la percepción “toma de la realidad los hechos, pero los reconstruye internamente”.

LA HUELLA DE LA HISTORIA PERSONAL EN LA PERCEPCIÓN

La percepción lleva la impronta de la historia de vida de cada individuo. Hay personas que arrastran traumas infantiles, decepciones amorosas, frustraciones laborales, fracasos reiterados o anhelos insatisfechos. Esta trama vivencial, a menudo latente, condiciona la forma en que se perciben nuevas oportunidades y desafíos. Así, quien ha experimentado vivencias negativas puede contemplar la posibilidad de establecer una nueva relación amorosa, buscar un empleo diferente o luchar por una meta vital desde una perspectiva pesimista o de impotencia, interpretando la realidad a través del cristal de sus experiencias pasadas.

LA CONSTRUCCIÓN SUBJETIVA DEL MUNDO

Cada persona construye su propio mundo. La percepción es la base de la subjetividad y de la construcción de la realidad individual. Nuestra experiencia emocional e intelectual, nuestras representaciones mentales, características personales e incluso nuestro autoconcepto se nutren de la manera en que percibimos la realidad. A su vez, la trama sensorial y emocional creada por la percepción constituye el fundamento sobre el que edificamos nuestra propia realidad. Por esta razón, algunas personas se encapsulan en su mundo interior: temen al cambio, se aíslan y optan por una vida limitada y penosa. Otras, en cambio, son capaces de “actualizar” su realidad, de darle un “update” a su vida, adaptándose y creciendo a partir de nuevas percepciones y experiencias.

LA PERCEPCIÓN HUMANA COMO BASE PARA EL ESTABLECIMIENTO DE VALORES Y LA CREACIÓN DEL SENTIDO PERSONAL

El último punto, esencial para comprender la dimensión psicológica de la percepción, es cómo ésta se convierte en la base sobre la que cada individuo construye su sistema de valores y el sentido personal de la existencia.

Desde una perspectiva psicológica, la percepción no solo nos permite captar el entorno, sino que también nos ayuda a interpretar, jerarquizar y dotar de significado a los acontecimientos que vivimos. A través de la percepción, seleccionamos aquellos estímulos que consideramos relevantes, los integramos en nuestra experiencia y los relacionamos con nuestras creencias, necesidades y aspiraciones. Así, la percepción es el punto de partida para la formación de valores: lo que percibimos como valioso, justo, bello o importante está determinado por cómo interpretamos la realidad y por el filtro de nuestra historia personal.

El sentido personal de la vida, ese sentimiento de dirección y propósito se forja a partir de cómo percibimos tanto el mundo exterior como nuestro propio mundo interno. Las experiencias significativas, los encuentros personales, los éxitos y fracasos, las alegrías y las pérdidas, todo ello es interpretado a través de la percepción, que a su vez está teñida por nuestras emociones, expectativas y valores previos. De este modo, cada persona construye un sentido único, personal e intransferible, que le permite orientar sus acciones, tomar decisiones y proyectarse hacia el futuro.

En definitiva, la percepción humana es un proceso activo, complejo y profundamente subjetivo. No solo nos conecta con la realidad, sino que la transforma y la resignifica, sirviendo de base para la creación de nuestros valores, creencias y sentido vital. Comprender este proceso nos invita a ser más humildes y reflexivos respecto a nuestras certezas, a cuestionar nuestras propias percepciones y a abrirnos a la riqueza de otras miradas posibles sobre el mundo.

CONCLUSIÓN

La percepción humana nos recuerda que la realidad que experimentamos no es única ni inmutable, sino resultado de la compleja interacción entre los estímulos externos y nuestro universo interno. Hay que reconocer que nuestros sentidos pueden engañarnos y que nuestra historia personal moldea lo que interpretamos nos permite acercarnos a los demás con empatía y apertura. Ser conscientes de la subjetividad de nuestra mirada nos ayuda a comprender la diversidad de opiniones, valores y sentidos de vida que existen en la sociedad. Así, cultivar una percepción crítica y reflexiva es el primer paso para construir relaciones más auténticas, tomar decisiones más responsables y encontrar un sentido más profundo y pleno en nuestra existencia.

Roberto Cura MS
Roberto Cura MS
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