PSICOTERAPIA: EXPECTATIVA Y REALIDAD
En la práctica clínica es frecuente encontrar ideas equivocadas sobre el rol del terapeuta y sobre cómo se produce el cambio en psicoterapia. Estas creencias, generalmente nacidas del desconocimiento o de la urgencia por mejorar, pueden convertirse en obstáculos y generar expectativas poco realistas.
Una situación habitual es la de personas que llegan a terapia sin haberlo decidido por sí mismas. A veces acuden por presión familiar, escolar o institucional, sin comprender claramente el motivo de la consulta ni el sentido del proceso. Cuando no existe una disposición interna, los resultados suelen ser limitados, ya que el deseo de cambio no surge automáticamente en sesión, sino que es una actitud previa que permite que la intervención sea efectiva. Asistir obligado rara vez produce cambios profundos y duraderos.
Ejemplo: un adulto que asiste solo para “cumplir” con una exigencia familiar puede concurrir a las sesiones, pero sin involucrarse emocionalmente ni reflexionar sobre su conducta, reduciendo significativamente el impacto del tratamiento.
LA PSICOTERAPIA Y LOS FÁRMACOS
En niñas, niños y adolescentes esta situación se observa con frecuencia. Madres, padres o cuidadores suelen esperar resultados inmediatos, como si la terapia actuara de forma similar a un analgésico. A menudo se desea ese efecto rápido sin recurrir a medicación, aun cuando esta puede ser necesaria.
En trastornos como la depresión mayor severa, crónica o recurrente, existen alteraciones bioquímicas cerebrales, con desequilibrios en neurotransmisores como la serotonina, la dopamina o la noradrenalina. En estos casos, la psicoterapia por sí sola suele no ser suficiente. La medicación, indicada por un especialista, ayuda a compensar estos desequilibrios y permite que la persona cuente con la energía mental y emocional necesaria para aprovechar el trabajo terapéutico. A modo de ilustración: “Intentar aprender a nadar con una mochila extremadamente pesada resulta muy difícil. La terapia enseña las técnicas, pero si la carga no se aligera, el esfuerzo resulta excesivo y frustrante. Por ello, hay casos en que resulta necesario acompañarla terapia con medicamentos que “bajen el tonelaje la carga”.
Algo similar ocurre en niños con TDAH (ADHD) severo. Aunque existe resistencia al uso de fármacos, el trastorno está asociado a deficiencias neuroquímicas que, en muchos casos, requieren compensación. Los medicamentos no “curan” el TDAH (ADHD), pero facilitan la atención, el control de impulsos y la regulación emocional, permitiendo que la psicoterapia sea realmente efectiva. Veamos un ejemplo, un niño que no logra sostener la atención durante la sesión difícilmente pueda incorporar las estrategias trabajadas.
También aparecen expectativas irreales en trastornos estructurales o funcionales del sistema nervioso, donde se espera una rehabilitación rápida, sin considerar la complejidad y el tiempo que estos procesos requieren.
¿CÓMO SE PERCIBE MUCHAS VECES AL TERAPEUTA?
Considerando lo anterior:
EL TERAPEUTA COMO “MILAGRERO”
Uno de los errores más comunes es imaginar al terapeuta como alguien con poderes extraordinarios, capaz de “curar” cualquier dificultad con pocas sesiones.Ejemplo: Hay padres que esperan que, tras ver al terapeuta, desaparezcan los problemas de conducta o emocionales de su hijo y, a veces, en corto tiempo. Esta expectativa deposita toda la responsabilidad en el profesional y excluye el rol activo del niño y la familia.
EL TERAPEUTA COMO “MECÁNICO”
Otra creencia errónea es pensar al terapeuta como alguien que “arregla” problemas, mientras el cliente y su entorno permanecen pasivos. Sin embargo, la mente humana no funciona como una máquina. El cambio psicológico requiere conciencia, práctica y participación. Un ejemplo muy común es el padre que dice “usted es el experto, arréglelo”, desconociendo que sin cambios en casa y sin su implicación, el progreso será limitado.
EL TERAPEUTA COMO “ALIEN”
Existe también la fantasía de que el terapeuta puede producir el cambio sin esfuerzo personal del cliente, como si éste se introdujera dentro de la persona y decidiera por ella. En realidad, el cambio auténtico surge desde el interior de la persona, con acompañamiento profesional y apoyo del entorno. Cuando la asistencia es solo por presión externa, los avances suelen ser superficiales e inestables. Un ejemplo puede ser, el caso de un adolescente que espera mejorar su autoestima solo por asistir a sesiones, sin reflexionar ni aplicar lo trabajado
“AHÍ SE LO DEJO PARA QUE LO ARREGLE”
Esta frase resume muchas de las creencias anteriores: delegar completamente la responsabilidad del cambio en el terapeuta. Sin embargo, la psicoterapia efectiva es un trabajo compartido.
¿QUÉ CORRESPONDE A CADA PARTE?
Es necesario deja en claro cuál es el rol que le toca jugar a cada uno de los actores que supuestamente deben intervenir en el proceso de rehabilitación y cambio del cliente.

- Al terapeuta: Guiar el proceso, ofrecer herramientas, escuchar sin juzgar, promover la reflexión e identificar patrones de pensamiento y conducta. Acompaña y orienta, pero no realiza el cambio por el cliente. También debe informar con claridad sobre las opciones de tratamiento, incluidas las farmacológicas cuando están indicadas, y ayudar a comprender el ritmo realista del proceso.
- Al cliente: Asumir un compromiso activo, ser honesto, participar y trabajar fuera de sesión. La asistencia debe ser voluntaria y con un propósito claro. En niñas, niños y adolescentes es fundamental explicar, de forma acorde a su edad, por qué se recomienda la terapia, evitando la imposición sin preparación.
- A la familia y entorno: Brindar apoyo emocional, crear un entorno seguro, colaborar con las recomendaciones terapéuticas y evitar tanto la delegación total como la sobreprotección. La familia cumple un rol central en el mantenimiento o la transformación de los patrones de comportamiento.
REFLEXIÓN FINAL
La psicoterapia es un trabajo conjunto entre terapeuta, cliente y familia. El cambio profundo ocurre cuando cada parte asume su responsabilidad y acepta que algunas dificultades requieren tiempo, esfuerzo y, en ocasiones, intervenciones combinadas. Tener expectativas realistas es fundamental.
La psicoterapia se parece a sembrar una semilla: el terapeuta enseña a preparar la tierra y cuidar el entorno, pero el crecimiento depende del compromiso de quien cultiva y del apoyo de quienes lo rodean. El cambio real, aunque a veces lento, es posible cuando se respetan los tiempos y se trabaja de forma consciente y colaborativa.





