¿Por qué hacemos lo que hacemos?

DESCUBRIENDO EL SENTIDO Y EL SIGNIFICADO DETRÁS DEL COMPORTAMIENTO HUMANO

María Ulloa, de 24 años, frecuentemente expresaba en terapia: “Mis padres son insoportables, no le gusta ninguno de mis pretendientes: “Juan tiene tipo de vago, Jacinto no te conviene, es de los que quita y nada te da …  Si salgo con alguien me advierten sobre la importancia de la virginidad y… sobre la ropa, qué decir, siempre la consideran como impropiada… Ya no se que hacer”. Por su parte, Julio Guevara, de 31 años no paraba de quejarse de la presión que sobre él ejercía su madre: Se inmiscuía en cómo debía expresarse en una determinada situación, cómo debía comportarse en su trabajo para ganarse la voluntad del jefe y… hasta con quien debía reunirse”

En la vida diaria, muchas veces actuamos sin detenernos a pensar por qué hacemos lo que hacemos. Cumplimos normas, seguimos tradiciones, nos ajustamos a expectativas familiares o sociales, y adoptamos costumbres que parecen “naturales”. Pero si lo pensamos con calma, ¿cuántas de nuestras decisiones nacen realmente de nosotros, y cuántas son heredadas o impuestas por el entorno?

Desde pequeños aprendemos que “hay que comportarse bien”, “así se hacen las cosas”, o “qué dirán los demás si no lo haces”. Estas frases, transmitidas por la familia, la escuela o la sociedad, van moldeando nuestra forma de actuar. Sin darnos cuenta, absorbemos una serie de “significaciones sociales”, un conjunto de reglas y valores que se convierten en una especie de brújula externa que guía nuestras acciones.

Por eso, aunque algo dentro de nosotros desee actuar de un modo distinto, muchas veces terminamos reprimiéndonos. Tal vez evitamos mostrarnos como somos por miedo al juicio, o renunciamos a un sueño porque “no es lo correcto”. En estos casos, nuestra conducta no responde a lo que sentimos, sino a lo que creemos que se espera de nosotros.

Este modo de actuar está guiado por lo externo, por la tradición y la presión social, y nos lleva a vivir bajo reglas que no hemos elegido conscientemente. El psicólogo suizo Carl Gustav Jung (1875–1961) fue algo más lejos; nos ofreció una idea muy profunda al hablar de los “arquetipos”,esos modelos universales que viven en el inconsciente colectivo. Según él, cargamos dentro de nosotros imágenes, ideas y símbolos heredados por generaciones, que influyen en cómo pensamos, sentimos y actuamos. Por ejemplo, la figura del “héroe”, de la “madre protectora” o del “sabio” son arquetipos que aparecen en todas las culturas y moldean nuestras expectativas sobre cómo debemos comportarnos. Sin darnos cuenta, según él, gran parte de nuestro comportamiento responde a estos patrones culturales compartidos. Así, muchos de los significados que damos a nuestras experiencias no nacen de nuestra reflexión personal, sino de ese legado invisible que compartimos como sociedad.

ACTUAR DESDE EL “SIGNIFICADO” O DESDE EL “SENTIDO”

Podemos decir que existen dos grandes formas de comportarnos:

1. ACTUAR DESDE EL SIGNIFICADO (lo externo):  Es cuando nuestras acciones están guiadas por lo que otros consideran correcto, por las normas y tradiciones. Por ejemplo, alguien puede renunciar a un amor verdadero por miedo al “qué dirán”, o quedarse en un trabajo que no le gusta porque “es lo que se espera”. Este tipo de comportamiento mantiene el orden y la convivencia, pero a veces nos desconecta de lo que realmente somos.

2. ACTUAR DESDE EL SENTIDO (lo interno):  Aquí, el motor es lo que sentimos y deseamos profundamente. Es el impulso que nace del corazón, aquello que tiene valor y coherencia para nosotros. Cuando actuamos desde el sentido, buscamos lo que nos motiva, lo que amamos, lo que da propósito a nuestra vida. Una canción infantil lo expresa de manera sencilla: “Yo no quiero una, yo no quiero dos, quiero la mía que se me perdió.” Detrás de esa frase hay un mensaje profundo: cada cosa tiene un valor único según el sentido que le damos. Un simple bolígrafo puede ser un tesoro si nos recuerda a alguien querido. El valor no está en el objeto, sino en el vínculo emocional que creamos con él.

EL VALOR PERSONAL: MAS ALLA DEL PRECIO O LA APARIENCIA

En psicología, se entiende que el valor no es algo objetivo, sino subjetivo y personal. Lo que para alguien puede ser insignificante, para otro puede tener un enorme peso emocional. El dinero, por ejemplo, solo cobra sentido si nos ayuda a cubrir necesidades o alcanzar sueños. Por eso, no existen valores universales: lo que a ti te da felicidad o paz puede no tener importancia para otro. Lo esencial es aprender a reconocer lo que realmente te importa, y dar a cada cosa el valor que tiene en tu vida, no el que la sociedad dice que “debería tener”.

Sin embargo, también es importante mantener un equilibrio realista. No todos los deseos pueden cumplirse de inmediato, y frustrarse por lo inalcanzable puede dañar nuestra autoestima. De mi época de estudiante, aún recuerdo al psicólogo norteamericano Kurt Lewin (1890-1947) – para mi aún vigente- quien señalaba la importancia de reflexionar sobre qué tan cerca o lejos estamos de nuestras metas, y ajustar nuestras expectativas según nuestras posibilidades reales.

SIGNIFICADO, SENTIDO Y VALOR: TRES CLAVES PARA VIVIR MEJOR

Podemos resumirlo así:

  • El significado viene de fuera: lo que la cultura, la familia o la sociedad nos enseñan.
  • El sentido nace dentro de nosotros: lo que realmente tiene valor emocional y psicológico en nuestra vida.
  • El valor es la forma en que combinamos ambos, encontrando un equilibrio entre lo que el mundo espera y lo que nuestro corazón necesita.

Vivir desde el sentido no significa ignorar las normas, sino elegir conscientemente cuándo seguirlas y cuándo crear las propias, con autenticidad y libertad interior.

¿QUE NOS HACE VIVIR MEJOR?

La respuesta es simple pero profunda:

  • Aprender a reconocer cuándo actuamos por costumbre y cuándo lo hacemos por necesidad interna.
  • Dar valor a lo que realmente nos importa, no a lo que dicta la sociedad.
  • Elegir metas que le den sentido a nuestra vida, no solo apariencia.
  • Escuchar más nuestra voz interior y menos el ruido de afuera.

Al comenzar a actuar desde el sentido, nuestra vida se vuelve más auténtica y carismática.

CONCLUSIÓN: VIVIR CON SENTIDO ES VIVIR CON PLENITUD

Vivir con sentido implica ser coherentes con nuestras emociones, deseos y valores personales. Es dejar de actuar por miedo al juicio o por costumbre, y comenzar a actuar por amor, propósito y comprensión.

Cuando logramos dar nuestro propio significado a las cosas, conectamos con lo que realmente somos. Y desde ahí, cada acción —por pequeña que sea— se convierte en un paso hacia una vida más plena, más libre y nuestra.

Roberto Cura MS
Roberto Cura MS
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Un comentario

  1. A veces vivimos en piloto automático, siguiendo expectativas que ni siquiera elegimos. Pero cuando empezamos a escucharnos de verdad, descubrimos que nuestras decisiones pueden nacer del sentido y no del miedo. Vivir desde lo que somos y no desde lo que otros esperan es el primer paso hacia una vida plena y auténtica.

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